- XL - A la ausencia que consoló su esperanza
Quiso mi hermoso Sol y dueño hermoso,
honrar el alba con su Sol divino,
mostrose oscuro el sol en su camino,
y el mío, en sus tinieblas, receloso.
Vistió el cielo de ceño querelloso
el campo de sus ejes cristalino,
que no el temor de su beldad previno
como discreto, en fin, como envidioso.
Lloró su ausente el cielo, y yo, eclipsado
de un mar también, por mi divino ausente,
¡dichosa compañía a un desgraciado!
Dio a sus olas furor mi pena ardiente;
librose apenas mi esperanza a nado.
Esta verdad sabrá quien de amor siente.