- XL -

By Juan de Arguijo

El triste fin, la suerte infortunada,

-ajeno premio de la fe constante-

del uno y otro miserable amante,

a quien perdió una noche y una espada.

Encierra en sobre oscura está labrada

piedra, tú, peregrino caminante,

repara el grave caso, y con semblante

pío suspende el curso a tu jornada

Que darás tiernas lágrimas no dudo

a las cenizas, donde aun dura ardiente

el fuego que causó desdicha tanta

Debida compasión al mal que pudo

trocar color en la cercana fuente,

y el de su fruto en la silvestre planta