XLII Al nacimiento, mostrando, que la astrología misteriosa admira a la celeste
Hoy no sabe de sí la astrología
que en la estrella del mar mira en el suelo
cerrado el sol, epilogado el cielo
y en alta noche amanecer el día;
las tinieblas pobladas de armonía,
temblando el fuego eterno, ardiendo el yelo;
alegre la tristeza, y el consuelo
que a sus lágrimas hace compañía.
Mira hacer el oficio del Oriente
al pesebre, en que son signos de oro
una mula y un buey dichosamente.
Ve al sol en el Cordero, y no en el Toro:
vele en la Virgen por diciembre ardiente,
a la aurora sin risa, al sol con lloro.