- XLII -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Tu aliento, Herminia, en su fragancia viva

tan suaves espíritus ofrece,

que ni un jardín su emulación merece,

aunque todas sus flores aperciba.

Mas el que por las barbas se deriva

de tu esposo, ¿con qué salud se cuece,

que huele a yema o pollo, que perece

corrompido en la cáscara abortiva?

No es la más grave de las servidumbres

que la boca le des; que su lujuria

tus perlas manche y lisie tus corales.

¡Oh túmulo, y no tálamo! ¿cuál furia

en ti rindió las leyes naturales

a la fortuna? ¡oh tiempos! ¡oh costumbres!