- XLIV -

By Fernando de Herrera

Pues la flor do crecía mi esperanza

quemó duro rigor de ingrato hielo,

y a mi ardiente deseo negó el cielo

de fortuna mejor más confianza,

do el sol con tibio rayo tarde alcanza,

y luenga sombra ofende el mustio suelo,

daré ausente, olvidado, sin consuelo,

a mi injusta osadía igual venganza.

Mas no sufre la fuerza que padezco

tan corta paga en tanto atrevimiento;

que en la ausencia el dolor es menos fiero.

Llega ya a estrecho tal, que no merezco

alabanza ni culpa en mi tormento;

tanto es grande mi mal, que desespero.