- XLIV -

By Francisco de la Torre

Las peligrosas bravas ondas de oro

donde perdió mi navecilla el cielo,

el resplandor del soberano velo,

que esconde la deidad del alto coro;

el estrellado y celestial tesoro

del florecido, aljofarado suelo;

la pertinacia y el dañado celo

del alma idolatrada que yo adoro;

las iris de mi cielo sosegado;

la mansedumbre y el semblante humano

de quien ahora libremente triunfo;

el altivo desdén del pecho helado,

armas fueron del crudo amor tirano

y ahora son trofeos de mi triunfo.