- XLV - A san Francisco Javier, apóstol de las Indias
¡O Gran Javier, o Apóstol soberano,
o luz primera al peregrino Oriente,
si al ver tus rayos su confusa gente
salió del caos de su furor ufano.
O asombro de estos Cielos más que humanos,
pues el Sol de justicia reverente
rendiste un mundo, y su tesón ardiente
se redujo al Lavacro de tu mano.
Sondar inmensos Piélagos te vieron,
trepando montes, riscos te encontraron,
para dar a un gran Dios, gran sacrificio.
Los muchos que mis ojos te ofrecieron
las dolencias de un hijo me sanaron
que el alma te consagra en beneficio.