- XLV -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Pues no siempre tus rayos vengativos

sobre montes y alcázares fulminas,

y alguna vez destroncas las encinas

y abrasas los pacíficos olivos,

un pedante que, a gritos excesivos,

enseña a variar voces latinas,

júntalo a los estragos y ruinas

cuyas memorias guardan tus archivos.

El de pálido boj, labrado al torno,

vibra un cetro a mil madres formidable;

caiga el brazo inhumano con ejemplo;

que en el barrio que él hace inhabitable,

hoy te dedico, oh Júpiter, un templo,

y de inscripción piadosa te lo adorno.