- XLVI - Quéjase de efectos celosos y pondera la suerte enamorado con el trato
Qué confusión es esta en que me anego!
Qué negra sombra que a mi luz asiste!
Qué niebla oscura que del sol se viste!
Cuál humo es este que parece fuego!
Qué horror feliz es este? Donde ciego
miro el origen de mi pena triste?
Quién es? Dónde aparece? En qué consiste
esta ilusión, que turba mi sosiego?
Y tú, Lesbia, quien eres, que así oprimes
mi libertad por la inservible parte,
más imperiosa, que el Autor Divino?
Con cual encanto, que en el alma imprimes,
inventar tercer modo de adorarte
que no es por elección, ni por destino.