- XLVI -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Alzad, Señor, vuestra Sión divina

adonde, ingrato a tanto beneficio,

la deidad hizo el hombre sacrificio,

y, siendo él fulminado, la fulmina.

No logre la ambición de peregrina

la culpa en ese, aunque postrado, indicio,

que el sacrílego intento de su oficio

memoria templo hará de la ruina.

Si no es que, codicioso de la injuria,

temiendo que acabó ya la violencia

de dar a la impiedad postrer indicio,

(mientras no os solicita en nueva furia,

por no tener ociosa la paciencia),

queréis también sufrir veros sin templo.