- XLVIII -

By Hernando de Acuña

Después que a César el traidor de Egipto

dio la cabeza que el peor quería,

encubriendo las muestras de alegría,

en público lloró, como está escrito.

Y Aníbal, cuando al imperio aflito

vio que Fortuna desfavorecía,

rióse entre la gente que plañía,

encubriendo un dolor que era infinito.

Así a veces el ánimo, cualquiera

pasión que siente, so contrario manto

cubre con vista alegre o lastimera;

por do, si alguna vez, yo río o canto,

es por querer, con el placer de fuera,

encubrir mi secreto y triste llanto.