- XLVIII -

By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

¡Oh carnero muy manso, oh buey hermoso!

manso trabajador siempre contento,

de tu mujer trazada y paramento,

mastín blando al que viene deseoso.

No se dirá por mí que hombre celoso,

que bravo, que feroz, y que sangriento,

destocado al sereno en grande asiento,

oyes de tu vecino el mal ocioso.

El que dentro tu casa está encerrado,

contemplando tus hechos y renombre,

dice: «¡Vivas mil años, padre honrado!

Que si todo el correr que está en tu nombre

a tus pies por natura fuera dado,

pudiéramos llamarte ciervo y hombre».