- XV - Acto II, David
Salen del mar en dilatados río
las aguas, y una vez con paso lento,
haciéndonos dudoso el movimiento,
bañan los prados y árboles sombríos;
ahora cobrando caudalosos bríos
y en alas de cristal curso violento,
émulos del humano pensamiento,
del mar tornan a ser los peces fríos.
De tierra nace el hombre y de esta suerte
a pasos mide el mundo peregrino,
ya con bien, ya con mal, ya en paz, ya en guerra.
¿De qué me sirvió, pues, huir la muerte
si al fin el hombre por cualquier camino,
volver tiene a su centro que es la tierra?