- XV -

By Pedro Soto de Rojas

La negra noche con su sombra fría

amparaba el honor de las estrellas,

cuando aquel sol que engendra mis querellas

con rayos de su luz las encendía.

Callando, pareció que les decía:

«Ya de mi fuego en esta edad centellas

no alumbraréis, que entre mis luces bellas

puso el Autor al mundo nuevo día».

Vuelta después a mí, con voz ardiente,

sin templar la virtud de tanta brasa,

me dijo: «Vete en paz, amante ciego».

Me dejó herido el corazón doliente

entre llamas secretas, do se abrasa,

y me fui en paz. ¿Qué paz? A sangre y fuego.