- XVI -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Miré un laurel, cuyo desdén sagrado,

de espesa rama, Apolo no vencía.

Allí para el desdén Dafne aún vivía

y a Febo aún no perdona su cuidado.

¿Qué mucho que mi amor desengañado

ensordezca a experiencias cada día,

si presta ejemplo un dios a mi porfía

y vive lo difunto a lo adorado?

Más quiere Apolo a Dafne con firmeza,

aunque imposible, que la quiso viva

con la inconstancia que temida lloro.

Tanto quisiera, oh Fili, en tu belleza,

verla tal vez amante, y tal esquiva,

que por constante aun desdén adoro.