- XVI -
No pudo el grave mal, tan largo y fiero,
con el rigor del fuego el hielo ardiente,
una sola señal mostrar presente
de su dolor agudo y lastimero.
La rosa en la color como primero
se mezcla con la nieve alegremente,
los claros ojos y serena frente
testigos del dolor firme y entero.
La tierra, el cielo, el aire, el fuego vivo,
todo se alegra en ver vuestra belleza
a su primer salud restituida.
No es la mancha en vos de mal esquivo,
sino de cuanto bien naturaleza
pudo comunicar a la alma y vida.