- XVII - EL autor hablando con Dios después de una enfermedad
Tantas, tantas, Señor, tantas las veces
de tu piedad y tanta la porfía,
de obstinación, que no la llamo mía,
de vergüenza, que tú no la mereces.
¿En qué noche, en qué instante no amaneces
a los que saben conocer el día?
que aun en vil error tu diestra envía
pues con lo mismo alumbras que estremeces.
Alumbras, mas en ojos incapaces
de resplandor divino la luz ciega,
como a nocturnas aves el sol claro,
los míos de tu lumbre sean capaces,
no venga a ser, o no, para mi ciega,
ni pueda más mi culpa que tu amparo.