- XVII -

By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

Señora, la del arco y las saetas,

que anda siempre cazando en despoblado,

dígame, por su vida, ¿no ha topado

quien le meta las manos a las tetas?

Andando entre las selvas más secretas

corriendo tras un corzo o venado

¿qué no ha habido un pastor desvergonzado

que le enseñe el son de las gambetas?

Hará unos milagrones y asquecillos

diciendo que a una diosa consagrada

nadie se atreverá, siendo tan casta.

Allá para sus ninfas eso basta,

mas acá para el vulgo ¡por Dios, nada!

que quienquiera se pasa dos gritillos.