- XVIII - Acto segundo, Blanca
Si cuando dejé el bosque no dejara
en él la libertad que estimo y quiero,
y de la rama de un roble grosero
con un retrato el alma do colgara,
no pongo duda yo que me agradara
la corte, el rey, el noble, el caballero;
que en el palacio rico y lisonjero
la caza y primer vida sepultara.
Mas, ¡ay!, que aquel retrato me ha robado
cuanto gusto tenía y dame enojos,
sin él, la corte, el rey y su estado.
Atéla a un roble duro por despojos;
mas, ¿de qué me sirvió dejarle atado
si están dentro las niñas de mis ojos?