- XVIII - Acto segundo, Blanca

By Antonio Mira de Amescua

Si cuando dejé el bosque no dejara

en él la libertad que estimo y quiero,

y de la rama de un roble grosero

con un retrato el alma do colgara,

no pongo duda yo que me agradara

la corte, el rey, el noble, el caballero;

que en el palacio rico y lisonjero

la caza y primer vida sepultara.

Mas, ¡ay!, que aquel retrato me ha robado

cuanto gusto tenía y dame enojos,

sin él, la corte, el rey y su estado.

Atéla a un roble duro por despojos;

mas, ¿de qué me sirvió dejarle atado

si están dentro las niñas de mis ojos?