- XVIII - Con una reelección cuerda mitiga el dolor de una pasión
Con el dolor de la mortal herida
de un agravio de amor, me lamentaba;
y por ver si la muerte se llegaba,
procuraba que fuese más crecida.
Toda en su mal el alma divertida,
pena por pena su dolor sumaba,
y en cada circunstancia ponderaba
que sobraban mil muertos a una vida.
Y ciando el golpe de uno y otro tiro,
rendido el corazón, daba penoso
señas de dar el último suspiro,
no sé por qué destino prodigioso,
volví en mi acuerdo y dije: ¡qué me admiro?
Quién en amor ha sido más dichoso?