- XVIII - Persuadiéndole a su humildad al Betis
No luches con los remos, no arrogante
opongas tu cristal, ¡oh Betis claro!
Allana el verde cuello, ¡oh dulce amparo
en puerto a nave, en sombra al caminante!
Así tu hermosa frente el que el Levante
mide -pródigo en alma, en oro avaro-
ciña ya de coral, ya del más claro
aljófar vista el cuello rutilante.
Deja el grueso tridente, y con la mano
ayuda, ¡oh Rey!, la quilla, no la iguale
flecha que tarda deje el aire vano.
Mas si tu gusto a mi rogar no sale
su acento escucha, río más que cano,
valdrá contigo, pues con mares vale.