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By Gabriel Bocángel y Unzueta

Lloras, Filis, que el pueblo te murmura

la vida, la opinión y el ejercicio,

y que da, temerario, a todo indicio,

como a delito, su mordaz censura.

Y es que llega tu audaz desenvoltura

a querer que se llame el mismo vicio

indicio de él, y tomas por oficio,

y no por privilegio, la hermosura.

Tal vez te ríes de los maldicientes,

no por ver su calumnia mal fundada,

que tal engaño te desmiente el pecho.

Su género de culpa sólo sientes,

que, como el fruto de pecar te agrada,

ríes de los que pecan sin provecho.