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By Fernando de Herrera

Tal alto esforzó el vuelo mi esperanza,

que mereció perderse en su osadía;

yo bien lo sospechaba y le temía

de su atrevida empresa la venganza.

No me escuchó, y siguió con confianza

que huyó con los bienes que tenía;

y conmigo en tal cuita y agonía

se adolece y lamenta en la mudanza.

Para aliviar la culpa en tanto daño,

de Faetón el rayo le recuerdo,

y de su intento ufano la memoria;

que solo ya me sirvo del engaño,

en mi mal, y en mi error, penando pierdo

sin razón, las promesas de mi gloria.