- XXII - A la paciencia de sus celosas esperanzas
Ausente el claro sol, el cielo hermoso,
viudo, tristeza viste, viste celos
(pues, por pequeño que es, llega a los cielos
Amor niño, gigante poderoso);
de su querido ausente tan celoso
se muestra, ¡oh amor fuerte!, que sus velos
cubren ojos nacidos de recelos
del largo olvido del ausente esposo.
Triste, con ser ejemplo de mudanzas,
siente firme, cual cielo, no cual peña,
mientras abre a su bien la Aurora puerta.
Pues si a temer, amando, el cielo enseña,
¡tened paciencia, muertas esperanzas,
hasta que el Sol de Celia de su vuelta!