- XXII - A la rosa
Rompe la concha de esmeraldas finas,
perla, que extiende nácares tempranos,
vergüenza ya sus esplendores canos
de haberla hollado plantas aun divinas.
Espinas la rodean, que continas
son como sombra a sus colores vanos;
mas que importan la guarden, si tiranos
son sus contrarios, más que sus espinas.
Soplos de viento son su cruda espada,
rayos de Febo su mortal herida,
y mano descortés su parca airada.
La que es más Fénix, cae fenecida;
la que es más encendida, es abrasada;
y es cogida, la que es más escogida.