- XXII - Soneto pastoril

By Pedro de Padilla

Domingo Gil el nieto del gaitero,

andando de Benita resquebrado,

una noche se fue por un tejado,

a hablarle por encima del humero.

Díjole hijo de puta, lo primero,

y cual me traes Benita endemoniado,

y respondió la niña, habéis mirado,

habiendo más de una hora que te espero.

Pues yo le doy mi fe si se engordara

y no pasó de allí porque sintieron,

los perros de Llorente alborotados.

Y llena del hollín ambos la cara,

cuantos aquella noche se dijeron,

fueron todos requiebros ahumados.