- XXIII -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Dos naufragios se oponen igualmente

a aquella que en beldad venció a Narciso,

cuando en las aguas imitarle quiso,

dando a sus soles líquido occidente.

Licio la ve en el mar menos presente

que en sí, donde arde en golfo más preciso.

Siente no socorrerla, ¡oh ciego aviso!,

donde la mira y no donde la siente.

Mas, Licio, bien tu afecto se gobierna;

donde puede morir no darla ayuda

siente su amor, no siente como ciego.

Que en tu pecho, aunque ardiente, será eterna;

en agua sí que vivirá con duda,

porque no hay fénix de agua y le hay de fuego.