- XXIII -

By Juan de Timoneda

Heridiana, pastora, linda amada

de Ibero un pastor que la doraba

riberas del Rezín se paseaba

de su querido amigo acompañada.

Paróse de que estuvo algo cansada

y en agua cristalina se miraba,

temiendo Ibero que presente estaba

que de sí no quedase enamorada.

Cubrióle de presto entrambos ojos,

y mil veces besándola decía:

«Heridiana de hoy más ten este aviso

si quieres que vivamos sin antojos,

de los ríos y fuentes te desvía,

no te acontezca a ti lo que a Narciso.