- XXIII -

By Fernando de Herrera

Las luces do el amor su fuerza apura

con el sereno ardor de sus centellas;

el oro crespo, en mil sortijas bellas

de rayos coronado, y llama pura;

las palabras vestidas de dulzura,

que la armonía celestial en ellas

parece, el pecho duro a mis querellas,

la mano que a la nieve vuelve oscura,

son causa del tormento y dolor mío,

con muchas que callando siento y veo,

y no me valen en mi esquiva suerte.

En su dureza sólo el bien confío;

porque a vana esperanza y gran deseo

no se debe pedir sino la muerte.