- XXIV - Al incendio del mismo Templo
Arde en llama preciosa el Pirineo
corriendo arroyos de metal dorado,
pálido queda el floreciente prado
con tanta inundación harto el deseo.
No de otra suerte el sacro devaneo,
que fue de Salomón alto cuidado;
en incendios preciosos anegado
es de la llama bárbaro trofeo.
Arde en Jerusalén el Templo Sacro,
desatadas las Piedras y Zafiros,
que son del Sol flamante bizarría.
Profanaste el Sagrado Simulacro,
y lame el fuego en abrasados giros
la máquina que fue gloria del día.