- XXIV - La respuesta

By Luis de Ulloa Pereira

Las almas nunca duermen, Celia mía,

y el sueño en los sentidos retirado,

del Templo a tu hermosura consagrado,

no puede suspender la idolatría.

Pierde de su violencia la porfía,

el amoroso fuego en mi cuidado,

y así como en su centro sosegado,

ni me quema la llama, ni ella enfría.

No atiendas del incendio misterioso,

como es tranquilidad y no tibieza.

Arder, y sosegar en llamas pura.

Que el afecto de celos temeroso,

es humana pasión, y tu belleza

en su divinidad está segura.