- XXIV -

By Francisco de Borja y Aragón

Temprano entraron, porque el Rey no aguarde,

con cien lacayos de oropel, y estraza,

ciertos señores a ensuciar la plaza,

y hacer de un buen rodar vistoso alarde.

Otro torero entró, pero más tarde,

que lanza empuña, y que rocín embraza;

y viendo, que la suya le embaraza,

al toro le pidió, que se la guarde.

Y aunque armada de Illana, y Valdemoro,

desbarató la guarda la primera,

sudando vino, y miedo cada poro.

A un Tudesco llenó la braga entera,

y la Guarda quedó, mirando al toro,

amarilla por dentro, y por defuera.