- XXIV -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Filis, en cuyo amante muerte fiera

robó más alma que dejó a su vida,

y de su esposo la mortal herida

en huérfanas reliquias hoy venera,

vio un retrato, una imagen lisonjera,

de verdadero amor sombra fingida,

y, en viéndola, a consuelo introducida,

conoció no ser alma verdadera.

Escrupulosa en ver que se divierte,

«¡Ay! -dijo-, amante amado, no me atrevo

a ver tu sombra, pues de ti me privo.

Tan toda el alma concedí a tu muerte

que ya no he de poder sentir de nuevo

ni aun el dolor de no mirarte vivo.»