- XXIV -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Con dura ley tu halago nos aprieta,

Cintia, que, en fe de que a esperar nos mueve,

descubre en ti que ni una gloria breve

quiere que el más valido se prometa.

Así a la flor que en real jardín secreta,

ni el huésped raro ni el cultor se atreve,

la lluvia, el sol y el mismo soplo leve,

que juega con sus hojas la respeta.

¿Cuál prevención podrá evitar los daños

que obran en las clemencias y favores,

lo mismo que en desdenes y mudanzas?

No más, benignidades exteriores,

pues cuando me animáis con esperanzas,

a mejor luz os hallo desengaños.