- XXIX - Desigualdad ordinaria en la correspondencia de amor
Juzgaba Celia la ignorancia mía,
que el ciego Dios, que mueve los afectos,
estrechándose a músicos preceptos,
ninguna disonancia permitía.
Y que cuando suave los hería,
si al examen sonaban imperfectos,
ajustarlos por términos secretos
era la perfección de su armonía.
Ya conoce mi error con que distancias
los puntos que reduce a variedades,
sin proporción de números reparte.
Y que afina discordes consonancias,
siendo para templar las voluntades,
el dejar una falta todo el arte.