- XXV - Epitafio a un soberbio

By Antonio Enríquez Gómez

Este que dividido en polvo horrible

torre viviente fue de su albedrío,

en cuya confesión, en cuyo brío,

Babilonia fue fábrica insensible,

hoy, en el lago de este mar terrible,

océano de tanto señorío,

ni aún el nombre le queda de ser río:

tumba le guarda el piélago visible.

Pasajero, recuerda, mira el Nilo

por siete bocas convertirse en hielo,

llorando su desgracia hilo a hilo.

Así castiga a la soberbia el cielo.

Vivió matando, y por el mismo filo

murió sin duelo por vivir con duelo.