- XXV -
Necesitado de la luz del Cielo
que en sus soles al mundo permitía,
quitó a mis ojos para siempre el día
con eterna ocasión de desconsuelo.
Y el alma desnudó del mortal velo
que su frágil, materia desmentía,
Fili para perderse sólo mía,
muerta a mi vida, viva a mi desvelo.
Tú en Esferas de gloria arrebatada
de la Divina esencia, no diviertes
tu atención al dolor de los mortales.
Yo si no a ti tan poco atiendo a nada,
que en la desigualdad de nuestras suertes
nos igualan los bienes y los males.