- XXVI -

By Gutierre de Cetina

Mirando cómo va soberbio, airado,

a pagar su tributo al mar el Reno,

de su propia alma y de su bien ajeno,

Vandalio está cuidoso, recostado

a la sombra de un olmo y descansado

ya de llorar, de mil congojas lleno,

viendo partir de sí el pastor Tirreno,

dijo con un suspiro apasionado:

«¡Dichoso tú, tú sólo eres dichoso,

que vuelves do verás tan presto el Tago

y el bien que te hace ir tan presuroso!

Yo, mísero, llorando me deshago

de sólo ver Pisuerga deseoso.

¡Mira cuál es de Amor, Tirreno, el pago!»