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By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

El Escudo de Aquiles, que bañado

en la sangre de Héctor, con afrenta

de Grecia y Asia fue mal entregado

a Ulises, por varón de mayor cuenta.

Sobre el sepulcro de Ayax fue hallado;

que Ulises, levantándose tormenta,

entre las otras tropas lo había echado

en la mar, por dejar la nave exenta.

Alguno, visto el nuevo acaecimiento,

dijo, quizá movido en su conciencia:

«¡Oh juez sin razón ni fundamento!

«Que el conocido error de tu imprudencia

vean la ciega fortuna y ciego viento,

y el loco mar entienda tu sentencia».