- XXVII -

By Fernando de Herrera

Yo vi a mi dulce Lumbre que esparcía

sus crespas ondas de oro al manso viento,

y con suave y tierno movimiento

mi duro corazón enternecía;

mi rustiqueza y torpe rebeldía

perdió, vencida, el obstinado intento,

y en blando y regalado sentimiento

trocó mi alma la aspereza mía.

Nunca me vi más preso ni rendido,

y nunca vi en mi Luz mayor dureza,

ni más recio desdén mi largo olvido.

A término tan grave y estrecheza,

casas, mi triste suerte me ha traído,

que temo de mi Lumbre al belleza.