- XXVIII -
Domado ya el Oriente, Saladino,
desplegando las bárbaras banderas
por la orilla del Nilo, le convino
asentar su real en las riberas.
Lenguas le rodeaban lisonjeras,
compaña que a los reyes de contino
sola sigue en las burlas y en las veras,
loándoles el bueno y mal camino.
Contaban el Egipto sojuzgado,
Francia rota y el mar Rojo en cadena
mostrábanle su ejército y poder.
Respondioles: «Aquí se puede ver
donde acabó su gloria, en esta arena,
el gran Pompeo, muerto y no enterrado».