- XXVIII -

By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

Domado ya el Oriente, Saladino,

desplegando las bárbaras banderas

por la orilla del Nilo, le convino

asentar su real en las riberas.

Lenguas le rodeaban lisonjeras,

compaña que a los reyes de contino

sola sigue en las burlas y en las veras,

loándoles el bueno y mal camino.

Contaban el Egipto sojuzgado,

Francia rota y el mar Rojo en cadena

mostrábanle su ejército y poder.

Respondioles: «Aquí se puede ver

donde acabó su gloria, en esta arena,

el gran Pompeo, muerto y no enterrado».