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By Francisco de Borja y Aragón

Estaba el Sol en la mitad del cielo,

y el día en la mitad de su jornada,

y Filida a la sombra recostada

de un álamo, que baña un arroyuelo.

Miró el cristal, que fue en Diciembre hielo,

ya plata errante libre, y desatada;

que no despierta su quietud cansada

las mudas aves, ni el florido suelo.

Si ya rompiste, dijo, las prisiones,

alegre arroyo, en el que invierno triste

el lustre encarceló de tus vellones,

muy bien podré esperar, pues le venciste,

(aunque en prisión de amor, y sin razones)

que rompa yo, lo que romper pudiste.