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By Gutierre de Cetina

De las doce a las cuatro había pasado,

por la quinta carrera el sol corría,

sin que del resplandor que dar solía

muestra de su beldad, luz haya dado.

O escondido o transpuesto o de un nublado

negro, lleno de horror, se le cubría

al mísero Vandalio, el cual no vía

sin él por do seguir con su ganado.

Llenos de un triste humor tenía los ojos

el cuitado pastor mirando el cielo,

mostrando sin hablar su desventura.

Cuando, por renovar viejos enojos,

quitándose y poniendo el sol un velo,

mostró y tornó a esconder su hermosura.