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By Juan de Timoneda

En un sombrío valle despeinaban

sus muy rubios cabellos y escogidos

muchas pastoras que con mil gemidos

una zagala muerta lamentaban.

Pidióles un pastor por qué lloraban,

ellas con sus acentos doloridos

ser muerta de amores encendidos

Selvagia la pastora publicaban.

Rióse entonces él del devaneo,

y dijo como en burla: «¡O caso fuerte!»

¿y quién vio a una mujer morir de amores?

Mas si de eso murió, lo que no creo,

no la debéis llorar, pues que su muerte

halló reparo y fin a sus dolores.»