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By Fernando de Herrera

Las hebras de oro puro que la frente

cercan en ricas vueltas, do el tirano

señor teje los lazos con su mano,

y arde en la dulce luz resplandeciente;

cuando el invierno frío se presente,

vencedor de las flores del verano,

el purpúreo color tornando vano,

en plata volverán su lustre ardiente.

Y no por eso amor mudará el puesto;

que el valor lo asegura y cortesía,

el ingenio y del alma la nobleza.

Es mi cadena y fuego el pecho honesto,

y virtud generosa lumbre mía,

de vuestra eterna, angélica belleza.