- XXXI -

By Francisco de la Torre

Enciende ya las lámparas del cielo,

amiga y esperada noche, en tanto

que un voto, un sacrificio, un altar santo

te consagra Damón con puro celo.

He aquí la ofrenda con el negro velo

que oscurece tus ojos, y allí el canto

de tus aves nocturnas, y el Acanto

y Beleño que ofusca en humo el suelo.

No te desdeñes de mirar mis dones

(pues son de tu color) y mi ganado,

víctimas inocentes y piadosas,

dijo Damón; y Tirse a sus razones

regó su seno. ¿Sufres ser rogado,

cielo, para turbar ajenas cosas?