- XXXII -

By Juan de Arguijo

«Victorioso laurel, Dafne esquiva,

en cuyas verdes hojas la memoria

de tu desdén y de mi triste historia

quiere el amor que eternamente viva:

La antigua palma y la abundosa oliva,

a ti de hoy más inclinarán su gloria;

tú ceñirás en premio de victoria

del fuerte vencedor la frente altiva.»

Dijo el crinado Apolo, y a la dura

corteza asido, la contempla, y luego

repite: «¡Dafne fiera! ¡Mármol frío!

Del rayo ardiente vivirás segura;

que no es bien que consienta ajeno fuego

quien pudo resistir el fuego mío.»