- XXXIII - A la muerte de una dama

By Luis Carrillo y Sotomayor

¡Ten, no la pises, ten!: de losa fría,

de piedra, ¡oh caminante!, más que helada,

es centella en ardor, ya tan mudada

que es cera la que mármol ser solía.

Cenizas guarda aquí, que en solo un día

Amor robó, y en hora desdichada,

diestra quebró, cuanto sangrienta, airada,

lazo que olvido y tiempo no temía.

Envidiosa la Muerte y la Fortuna,

con uno y otro golpe procuraron

a su firmeza hallar flaqueza alguna.

Mas la Fortuna y Muerte se engañaron

si está donde no puede la Fortuna,

ni la Muerte y sus alas alcanzaron.