- XXXIII -

By Gutierre de Cetina

Dulce, sabrosa, cristalina fuente,

refugio al caluroso, ardiente estío,

adonde la beldad del ídol mío

hizo tu claridad más transparente,

¿qué ley permite, qué razón consiente

un pecho refrescar helado y frío,

en quien fuego de amor, fuerza ni brío

ni muestra de piedad jamás se siente?

Cuánto mejor harías si lavases

de este mi corazón tantas mancillas

y el ardor que lo abrasa mitigases.

Aquí serían, Amor, tus maravillas,

si en estas ondas un señal mostrases

de mis penas a quien no quiere oíllas.