- XXXIII -

By Juan de Arguijo

Osaste alzar el peligroso vuelo,

Ícaro, vanamente confiado

en mal seguras alas; y olvidado

del sano aviso, te acercaste al cielo

Donde el ardor del que gobierna Delo,

deshaciendo tus plumas, castigado

te arrojó al mar, a quien tu nombre has dado,

y sepultura a ti en el hondo suelo.

Por más cierto camino el sabio viejo

de tal peligro discurrió ligero,

y a Febo dedicó el cumano templo

¡Oh si guardar supieras su consejo

y no quedara en tu castigo duro

de las rendidas alas el ejemplo!